Reseña 3er Campamento CDPEC

El viernes 30 de agosto de 2019, luego de pasar el susto de Dorian, tormenta tropical que amenazaba con azotar la Isla dos días antes, decidimos salir hacia Casa Collores en Orocovis para tener nuestro tercer campamento de formación política. Inicialmente, el campamento se había pospuesto para desarrollar un plan de acción desde los distintos espacios que gestionamos (Centro de Apoyo Mutuo de Caguas pueblo y Cocina Rebelde). Queríamos poder dar una respuesta rápida en caso de que la tormenta agudizara la crisis política que vivimos. El huracán María nos había enseñado sobre eso, pero esta vez la historia no ocurrió igual así que retomamos nuestra formación.

El campamento es organizado por el Centro para el Desarrollo Político Educativo y Cultural (CDPEC) con el objetivo general de desarrollar herramientas para el análisis político de las y los miembros de la organización y de miembros de organizaciones cercanas. En esta ocasión, participaron miembros de los Comedores sociales de Puerto Rico, específicamente de los proyectos Comedor Social Universitario y Cocina Rebelde. Además, estuvieron con nosotras miembros del Centro de Apoyo Mutuo Bucarabones en Las Marías, de Urbe A Pie en Caguas y de La Olla Común en Rio Piedras. Grupos que de muchas maneras llevan colaborando entre sí.

Una vez en Orocovis, la experiencia pedagógica empieza con la distribución de tareas. Esa misma noche en que llegamos, nos ponemos de acuerdo para establecer quienes van a cocinar por día. Desayuno, almuerzo y cena. Una convivencia sostenible es importante para lograr los objetivos del campamento, además, si queremos construir una sociedad distinta, no deberíamos perder de perspectiva el aspecto de la subsistencia. Siguiendo la línea de la convivencia sostenible, antes de comenzar la primera sesión, definimos lo que llamamos “acuerdos comunitarios” en donde se decide sobre las dinámicas que se respetarán en los grupos de estudios, debates y en los espacios comunes. Podemos decir que la convivencia y el trabajo se vuelven una dimensión pedagógica del campamento.

Según la cantidad de personas que haya se crean grupos de trabajo. El objetivo de la división por grupos es fomentar la participación de las personas en la construcción del ejercicio final que también será presentado de forma grupal. Pensamos que los grupos pequeños permiten que las discusiones fluyan mejor y que se pueda profundizar en los temas. Por otro lado, cada grupo queda encargado de una de las místicas que se hace diariamente. Podemos decir que la mística es una dinámica que se hace antes de comenzar los trabajos del día con el fin de transmitir un mensaje, casi siempre vinculado a los temas que se trabajan durante el campamento, y para cultivar una espiritualidad revolucionaria que le de cohesión al grupo. Nos ayuda a recordar el pasado, a proyectar la lucha y a mantener una fe revolucionaria viva. En las místicas del campamento se utilizó poesía, canto, música, baile y otras técnicas del teatro épico que permitieron cumplir los objetivos. Podemos concluir que las místicas también son una dimensión pedagógica del campamento.

El tema alrededor del cual giró la discusión el fin de semana fue el de los movimientos sociales y las acciones colectivas, mismo nombre que lleva el artículo del uruguayo Raul Zibechi que utilizamos para dirigir el ejercicio. En el artículo, el autor se enfoca en la década del 1970, período que se caracteriza por la irrupción de movimientos sociales en América Latina y en el mundo entero. Presta atención a los sujetos que “sacan la cara del subsuelo” durante esa época y las condiciones materiales que propiciaron su surgimiento, también, en los espacios de democracia que gestionan estos movimientos y las relaciones sociales que brotan cuando las personas construyen sus propias soluciones al margen del estado. Siguiendo esa línea, Zibechi también pone el ojo en la forma en que se relacionan los movimientos populares con el estado y el rol que pueden jugar los gobiernos progresistas para coaptar estas iniciativas antisistémicas, así mismo, como los movimientos antisistémicos pueden transformar las instituciones.

Nosotras nos enfocamos en Puerto Rico y como parte del ejercicio identificamos las movilizaciones sociales más significativas de los últimos 50 años. La lista era larga, pero prestamos mayor atención al movimiento contra la minería del 1966 y el de rescatadores de tierras del 1968. La lucha contra la minería marcó un precedente en cuanto al fortalecimiento de una conciencia ecológica anticolonial que pensaba en un desarrollo sostenible para la Isla. Con la presión de este movimiento se logró que el gobernador Roberto Sánchez Vilella se negara a firmar los contratos con las empresas mineras y que se creara una reserva forestal en uno de los lugares en donde se planteó desplegar el proyecto minero: Adjuntas. Se logró detener un proyecto extractivista que beneficiaría a compañías multinacionales y se apropiaría y destruiría los bienes comunes. De estas luchas nace Casa Pueblo, institución comunitaria que administra la reserva y que, actualmente, con su insurrección energética nos marca el camino hacia nuevas formas de producir energía y hacia nuestra independencia.

Por otro lado, los rescatadores de tierra en los centros urbanos marcan el surgimiento de una identidad distinta a las identidades proletarias de la fábrica. El pobre sin vivienda se empodera así que es otro el sujeto que “saca la cara del subsuelo”. Este movimiento se ve afectado por la Ley 132 que, otorgándole título de propiedad a los rescates ocurridos entre 1970 y 1975, divide el movimiento pues no reconoce los rescates ocurridos después del 1975. La ley 132 mientras que reconoce los poderes emergentes en la movilización, la identificamos como una política social con el propósito de domesticar el levantamiento de rescatadores. Los movimientos estudiantiles y organizaciones feministas como La Colectiva fueron discutidos por su capacidad de construir poder al margen de las instituciones y de lograr incidir en ellas. Estas fueron algunas de las conclusiones que surgieron en la discusión final luego de las presentaciones de los grupos. La discusión y el análisis que se tiene luego de las presentaciones de los grupos es uno de los espacios pedagógicos más importantes del campamento.

Por último, reseño la experiencia pedagógica a la que nos expuso la organización de trabajadores sociales Pueblo Crítico con su juego Isla a Flote. Un juego diseñado para desarrollar y fortalecer la capacidad de trabajar en colectivo de los participantes. En el juego, la isla se esta hundiendo y tenemos que diseñar una estrategia para rescatar los “tesoros” que están en ella y poder salir antes de que se hunda. Un juego complicado que nos mantuvo siempre pensando en la jugada que le seguía. Una experiencia enriquecedora en donde se aplicó la idea de aprender jugando, pero sin dejar de ser críticos. No podemos dejar fuera el tiempo planificado para estar en el río, espacio de socialización en donde se crean y se fortalecen vínculos.

El 3er campamento de formación política CDPEC concluyó con una profunda discusión y un profundo análisis sobre los movimientos sociales en Puerto Rico, también, siendo la ocasión con la mayor participación de organizaciones aliadas. Regresamos a nuestros trabajos con mayor cohesión entre el grupo, con mística revolucionaria y con energías para regresar al próximo campamento de formación.


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