El CAM y las estrategias de cambio

Puerto Rico se ahoga en una crisis profunda tras el paso del huracán María. El nivel de drama social, con miles de personas sin comida, agua o atención médica adecuada ha confirmado la precaria situación de grandes sectores de nuestra sociedad previo al ciclón destructivo. Junto a las hojas de los árboles, María se llevó el velo que tapaba la profunda pobreza que cientos de miles de personas ya vivían en todo el archipiélago puertorriqueño.

La crisis profunda, sin embargo, no es la continuidad de las situaciones de todos los días, sino que se acompaña de una importante erosión momentánea de los poderes establecidos. La capacidad de respuesta y recomposición del Gobierno de Puerto Rico sigue siendo lenta, guida por el dinero y bastante atropellada a ya casi un mes del paso del huracán. “Business as usual” parece ser la consigna de los de arriba.

Para nosotros y nosotras en Comedores Sociales y el Centro para el Desarrollo Político, Educativo y Cultural (CDPEC) esta crisis ha sido una enorme oportunidad para apostar por el pueblo, para dar un paso afirmativo en la tarea indispensable de vincular nuestras estrategias de transformación a la gente de abajo.

Con mucha ilusión participamos del Centro de Apoyo Mutuo, con la firme intención de crear comunidad de resistencia a través de la comida y otras necesidades, no para asistir. Nos anima el desarrollo, el crecimiento, las tareas de transformación, no el “relief.”

Es cierto que todas las tareas de ayuda son necesarias en estos momentos. Celebramos cada plato de comida que llega a una persona con hambre, cada medicina que llega a un enfermo, cada camino que vuelve a conectarnos. ¡Hay que ayudarnos!

Sin embargo, las personas que estamos detrás del CAM de Caguas hemos sido activistas por muchas años y sabemos que junto al “relief” de los gobiernos se esconde un profundo regreso a la crisis una vez las ayudas desaparezcan tras la primera ola. Es lo que se oculta tras las promesas de “normalidad” del gobierno.

Entonces, ¿qué hubiese sido de la vida de Carmen “Café” (¡porque hay muchas Carmenes en el CAM!) si solo recibe comida un par de semanas? ¿Qué sentido tendría la vida de Isaías, si se quedaba en su casa esperando los $500 de FEMA? ¿A dónde terminaría Norberto y sus tiernos saludos si se queda todo el tiempo en su casa? Hay consenso: estaríamos deprimidos y deprimidas porque juntarnos para comer, para sanar, para reconstruirnos ha sido la manera más poderosa de romper el ciclo de violencia al que el sistema nos tiene malamente acostumbrados.

Así nació el CAM, porque el “apoyo mutuo” es más natural a los seres humanos que la “competencia.” En las filas de comida insistimos que esto no es “asistencialismo” del que hacen los gobiernos, no. Usando el modelo de tres aportaciones de Comedores Sociales, le explicamos a las personas que pueden aportar trayendo algunos materiales, aportar con dinero o venir a ayudar en lo que puedan. Preguntamos ¿cuál es su talento? “Si sabe cantar, pues cante,” le escuché a una compañera contestar a una comensal. ¡Y cantamos en la fila!

Al Centro de Apoyo Mutuo ha llegado de todo. Una compañía de salud, de esas que no vale mencionar, fue a repartir propaganda en la fila y le pedimos que ¡se fuera! Varias funcionarias del Municipio de Caguas intentaron trabajar “desde allí” y le dijimos que mejor ¡se fueran! Una funcionaria del Departamento de la Familiar quería poner mesa en el CAM para disque orientar... y si, ¡fuera! No queremos a ningún representante de la vieja política, de los que son parte del problema, orientando, explicándole a la gente como seguir siendo parte del sistema, ¡no! Toda esta gente son parchos, curitas que se le ponen a una herida muy grande que no sanará con los mismos remedios.

A veces esta radicalidad puede parecer extraña en medio de esta profunda crisis. Una compañera del CAM y yo tuvimos una reunión intensa con una representante de una ONG creada tras María que promete comida y ayuda médica escoltada por militares uniformados. Le pedimos que vinieran, pero con los militares no. En todo caso, que no viniera nadie uniformado o armado. La representante nos aseguró que lo intentaría, aunque al momento de escribir este artículo no nos ha dado fecha de visita, ni comida ni medicinas.

Tenemos claro que enfrentar esta crisis con cierta perspectiva social es un reto de gran tamaño. Hay hambre y necesidades de todo tipo que se agravan por la falta de agua potable y hasta de comunicación. ¿Qué sabemos de nuestras montañas? ¿Qué sabemos de Vieques o Culebra? ¿Qué sabemos de nuestra gente?

Por ahora tengo mucha confianza en lo que hacemos porque escucho las palabras de esperanza del voluntariado activista del CAM. Son estas personas las que se pasan diciendo que “esto no puede acabar,” que “no lo podemos dejar caer”, que “María nos juntó para que fuésemos familia de ahora pa’lante.”

Por eso el CAM más que un lugar en un pueblo cualquiera es un movimiento desde abajo para transformar las relaciones sociales dominantes, porque en el fondo sabemos, han sido esas relaciones las que nos han traído hasta aquí. Hoy más que nunca “solo el pueblo salva al pueblo.”


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