Los comedores sociales, ¿un movimiento emergente?


Cuando empecé a poner mesas de comida en 2013 no me imaginaba que estaba siendo parte de un movimiento social emergente. Por el contrario, había salido del movimiento estudiantil medio molido por un reflujo confuso tras el fin de la huelga estudiantil en febrero de 2011.[1] Hasta cierto punto era un reflejo anti movimiento en el sentido de que buscaba alejarme de las formas tradicionales de organización que había aprendido a lo largo de mi activismo estudiantil.

Todavía militaba en la Organización Socialista Internacional[2] en el núcleo de Cayey a donde me había mudado en 2012. Todo pasaba muy rápido, pero entre el final de la huelga estudiantil y finales de 2012 cambiaron muchas cosas. También yo.

Quería iniciar un nuevo espacio de organización socialista en Cayey. Había conocido a Alexa y a Paola en el Seminario 11 Recintos 1 UPR[3] y la huelga todavía estaba reciente así que había una energía, una voluntad de lucha que podía ser organizada, creía. Mudarme era una forma de intentar construir una estructura política a largo plazo, a ver cómo salía.

Además, y quizás más importante, me mudé para estar mejor, buscar felicidad, para cambiar conductas, para sanar. Andaba buscando paz, naturaleza y más armonía. Cayey tiene de todas esas cosas y más.

Desde que llegué he pensado que tiene condiciones que hacen viable en un futuro el surgimiento de un movimiento popular unitario allí. Camaradas de todas las organizaciones comparten con una fraternidad inusual al área metropolitana. Compañeros del MST, del PIP, ahora del PPT, y un montón de organizados y no organizadas en muchas cosas se conocen y llevan luchando toda la vida juntos. Se respetan aunque difieran. Todos tienen raíces en sus comunidades y mucha experiencia política. Lo que falta, claro, es la organización significativa de los jóvenes de la zona, sea con alguna de las organizaciones existentes o creando un grupo político nuevo. Y esta no es una pregunta exclusiva para Cayey.

Así que intenté a partir de 2013 organizar un núcleo socialista con un trabajo, al principio, alrededor de la UPR Cayey. Era el modelo que había aprendido en la OSI, durante mucho tiempo organizando en la UPR de Río Piedras. Se trataba de organizar allí una célula de trabajo (con dos o tres personas) que eventualmente pudiera dar paso a un núcleo de trabajo estudiantil más grande (6+). Poco a poco y eventualmente se trabajaría en marco de toda la ciudad.

Todo esto es bien resumido pero la cosa era así: éramos una organización marxista, reclutábamos por la “ideología y afinidad política,” por “Nuestra Posición,” así que intentábamos hacer grupos de estudio y charlas públicas sobre esos temas. Creíamos fuertemente en participar de las luchas y resistencias, buscando ser una organización activista, así que éramos frecuentes en piquetes y marchas. En todas ellas conocíamos personas, activistas, que intentábamos involucrar en más luchas. Particularmente, promovíamos una perspectiva que llamábamos “socialismo desde abajo” referente al trabajo de base y la certeza de que los trabajadores y trabajadoras pueden organizar la sociedad de otro modo.

Durante muchos años de organización intentamos más la parte de las protestas que otra cosa, y de ahí que nos analizáramos movimientistas con frecuencia en nuestras evaluaciones internas. Estábamos más orientados a la protesta, nos criticábamos, que a la construcción de la organización revolucionaria a largo plazo. Al mudarme, buscaba dejar eso atrás y construir de una vez una estructura revolucionaria de lucha estable y permanente. O eso era lo que yo me decía.

En Cayey comenzamos a acompañar a la Comunidad Fernández García[4] en resistencia contra las expropiaciones del Alcalde popular Rolando Ortiz Velázquez en lo que fue una de esas otras luchas a las que nos vinculamos. Viniendo de lo estudiantil y siendo jóvenes, la OSI siempre tuvo dificultad poniendo “un pie fuera de la UPR.” El acompañamiento a la Comunidad Fernández García nos ayudó a comprender mejor la necesidad de fortalecer los esfuerzos a largo plazo en las luchas.

Promover la solidaridad

A mediados de 2013 comencé a poner mesas de comida en la UPR Cayey y en UPR Río Piedras como una forma de promover la solidaridad mientras sobrevivía sin empleo. Había sido un desempleo autoimpuesto como una forma de generar un espacio para la sanación personal. Una búsqueda impuesta.

En lo político, intentaba poder dedicarme a tiempo completo a la lucha sin morirme de hambre. El experimento de la OSI en Cayey iba bien, al principio, lo que alentó mis ganas de tener más tiempo libre. Sobrevivía con poco, con muy poco, pero empecé a hacer trabajo político frecuente y me sentí bien, mejoré.

En parte era porque comía mejor. Había entendido el rol de la comida en la vida de las personas durante el cáncer de mi sobreviviente madre. También la del estilo de vida. El stress y la mala alimentación pueden ser bien dañinos para la salud y para la lucha. Tenía y todavía tengo mucho trabajo que hacer.

Así que empecé a comer mejor y a poner mesas de comida. La realidad me fue sorprendiendo poco a poco. La iniciativa le hacía sentido a la gente. Comencé a escuchar relatos de hambre, de sobrevivencia. Fui viendo la necesidad alimentaria de cerca, que el hambre aumentaba. Corroboré que las conversaciones sobre el estilo de vida tenían “potencial político.”

En UPR Cayey lo hice desde el principio en el clima de otras iniciativas que habían desaparecido recientemente. Como la que hacía Gabriel Sayas, estudiante de humanidades y miembro de Loquendi, iniciativa teatral. Zayas organizaba una gran olla de arroz semanal junto a otras persona que se distribuía gratis, lo que ponía furioso a los gerentes de la cafetería. Recuerdo a Zayas vestido de pollo tirando maíz frente a la cafetería en protesta por los altos precios. Ya no hacía la olla común de arroz, pero seguía protestando lo inaccesible de la comida en el recinto. Entonces, cuando empecé a poner mesas de comida era ya parte de algo más.

Colectivizar la iniciativa

Aunque los comedores en un inicio fueron iniciativa mía con la ayuda de Guille, mi madre, en la OSI Cayey no tardamos en darnos cuenta de que eran una acción política. Las autoridades de la UPR Cayey intentaron detenernos sin éxito varias veces por petición de José, el Gerente de Fazaa Food Service, los administradores privados de la cafetería del recinto. Luego ese mismo gerente, junto a supervisores de la guardia universitaria, llamaron al responsable de las patentes municipales de Cayey, Milton Vega, quien se apareció disque “para orientarme.” La propiedad privada y el estado en contra de un comedor que apenas repartía 20 platos, un solo día a la semana, muchos de ellos sin aportación económica alguna. Con el tiempo me llegó una multa a mi casa que nuestro contable muy amablemente ayudó a remover luego.

Los compas políticos asumimos la construcción de comedores sociales como parte de nuestro trabajo político al mismo tiempo que nos propusimos hacerlo para el Centro para el Desarrollo Político, Educativo y Cultural, Inc.[5], una sin fines de lucro que habíamos creado en 2012 para “promover experiencia de cambio.”

Había un ejercicio de distanciamiento con respecto a la OSI usual (trabajo estudiantil, orientado a la protesta, movimientista) en aquello de asumir la construcción de comedores sociales, aunque al principio esa frontera no fuese muy clara y mucho menos consciente.

Se trataba, sin duda, de un nuevo orden de prioridades políticas pues orbitábamos hacia la política de la vida diaria en oposición a la política del conflicto.[6] No era yo el único que necesitaba otro tipo de política para sobrevivir material e emocionalmente en esta crisis del capitalismo colonial.

Alexa y Paola habían empezado a distribuir “aguas frescas” (jugos de fruta natural) en el recinto de Cayey tras regresar de estudiar en México. Su autogestión de sobre vivencia conectaba con la mía.

Recuerdo una reunión de OSI Cayey en agosto de 2013 en la que todos lloramos por una razón u otra. Lo necesitábamos. Recuerdo que nos sentíamos “solos”, “pasábamos necesidades” que muchas veces no compartíamos y “necesitábamos hacer algo que nos motivara.” Los comedores sociales eran lo más parecido a una organización para lograr esas tres cosas, aunque al principio lo viéramos algo desconectado, no como “trabajo político” claramente.

Cada ataque fortaleció nuestro proyecto de comedores y nos dio experiencia política. Así fue como asumimos el nombre y explicamos por escrito el objetivo del proyecto a las autoridades de la UPR: alimentábamos solidaridad mientras construíamos una organización sin fines de lucro dedicada a construir experiencias de cambio a largo plazo para toda la sociedad.

Cuando nos cuestionaron ser un negocio, explicamos que cónsono con el modelo de sin fines de lucro aceptábamos donaciones, pero que además aceptábamos materiales y tiempo de trabajo como aportación solidaria. En todo caso, si la persona no puede aportar al momento de ninguna de las tres formas, come también, lo que acerca nuestro proyecto a la distribución gratuita.

Video: Comedor Social (UPR Cayey) Represión y Resistencia

Sorprendentemente, en el recinto de Río Piedras nunca intentaron detener físicamente la iniciativa mientras que en el recinto de Cayey sí. Por órdenes de la Decana de Administración, Belma Borrás, un jueves de comedor la mayoría de los guardias del recintos bloquearon las mesas con sus cuerpos. Ahora era el estado quien practicaba la protesta pacífica contra una iniciativa ciudadana estudiantil. Guardias en su mayoría avergonzados, parados allí, disque para impedir la repartición de comida solidaria. Alegaban que no respetábamos el acuerdo de exclusividad del consorcio privado. Pero aún así no pudieron detenernos. La escena llamó la atención de muchos estudiantes que se acercaron y cogieron comida entre medio de los mismos guardias. Al rato, el rector de entonces Mario Medina en persona ordenó la retirada.

Hacemos solidaridad, no caridad, hay que aclarar, por eso establecimos un modelo flexible de aportaciones (incluida la no aportación) que nos permite plantearle a nuestros comensales una relación distinta a la tradicional cliente - proveedores. Somos, en efecto, proveedores de comida, pero con los objetivos de consolidar lazos sociales y construir comunidad, no de lucrarnos. Los fondos recibidos pagan renta y otros gastos de operación, incluido el personal que trabaja en el proyecto.

Mientras los comedores sociales fueron cogiendo fuerza la OSI la perdía. Hubo sin duda otras razones, quizás hasta de más peso, vinculado al periodo de baja lucha, a la ofensiva patronal y a los debates internos sobre cómo reorganizar nuestro esfuerzo socialista. Era un eco sistema social difícil.

Debatimos en la OSI durante meses tener una nueva publicación, “Desde Abajo,” orientada a un trabajo más popular, más directo con la gente. Ya estábamos creando una perspectiva que retenía, a mi entender, lo mejor de la OSI—la perspectiva del socialismo desde abajo—y un acercamiento distinto al trabajo con la gente orientado a identificar relaciones duraderas vinculadas a las necesidades diarias.

De algún modo, los comedores habían sido la afirmación de la voluntad de los militantes de OSI Cayey de llevar adelante otra política de vinculación con la gente. Al mismo tiempo, habían sido la negación concreta de la estructura.

Ciertamente, las energías invertidas eran de carácter inverso, dando paso, casi sin darnos cuenta, a un periodo en el que el núcleo de Cayey dejó de ser, sin formalismo ni decisiones, sin mucho brillo. OSI Río Piedras desapareció también en 2014, por iguales y distintas razones, acabando con 20 años de intentos por establecer este proyecto político en la isla.

Crecer con la crisis

Los últimos años han sido particularmente duros para el movimiento político que busca mejorar las condiciones de vida de la gente. Duros para el movimiento independentista, socialista y laboral. Duro para todos los que luchan.

Enmarcados por la crisis global y la deuda, los de arriba llevan una guerra de clases frontal contra los sectores laborales y populares. Sus efectos principales son notables: la destrucción de los servicios públicos, el incremento y consolidación del desempleo, y la fuerte migración. Nadie parece escapar a la crisis.

Nuestros comedores sociales han logrado tener éxito durante la crisis porque resuelve una necesidad concreta. Al mismo tiempo confirma que el hambre crece en la isla por todas partes, como crecen las formas de enfrentarlas.

Me contaba una comensal sobre sus gestiones de alimentos: “vengo donde ustedes al medio día, voy al comedor de los cristianos[7] por la tarde, y a veces le pido comida a una vecina, y así, entre una cosa y otra sobrevivo la semana.”

O como me contaba otro comensal sobre los universitarios: “la gente se cree pero hay mucho estudiante que pasa hambre, a veces tu abres una nevera ahí en resi campus y no hay nada, absolutamente nada en la nevera. Es más común de lo que se cree.” Estas son anécdotas reales.

Es lo que explica que estén surgiendo otros comedores sociales. Así, en octubre de 2015 nos enteramos que había surgido un comedor social en UPR Ponce. Llevaban semanas recogiendo alimentos y promocionándose en paredes, salones y oficinas dentro del recinto. Nosotros no conocíamos a nadie y nos enteramos por Facebook. El comprometido grupo de trabajo reparte cada jueves más de 300 platos durante el semestre.

El comité encargado ha logrado involucrar a la mayoría de las asociaciones estudiantiles con quienes comparte la responsabilidad de preparar y repartir los alimentos. Un verdadero trabajo de base comunitario al interior de la UPR que yo no había visto. Instituciones emergentes que proponen, que hacen y que abren espacios para otras, como los huertos.

Al tiempo me llamó Stephanie Fontánez y me sorprendió su alto sentido de responsabilidad y disposición al trabajo. Quería empezar un comedor social en UPR Humacao pero quería “saber bien lo que era primero,” me dijo. Hablamos del poder de la gente para gestionar su vida, de la dignidad del trabajo y de la sanación a través del servicio. Stephanie es estudiante de trabajo social y presidenta de la Asociaciones Universitaria de Estudiantes de Trabajo Social. El 3 de diciembre de 2015, el último día posible en calendario, Humacao tuvo su primer comedor social. Desde entonces, reparten más de 100 platos una vez a la semana.

También en diciembre de 2015 tuvimos el Primer Encuentro de Comedores Sociales a donde asistieron estudiantes de Cayey, Humacao, Mayagüez, Ponce y Río Piedras. Lo más significativo, además de conocernos y de que comimos juntos, fue que acordamos publicar un boletín entre todos: “El Caldero Común.” El primero número salió unos meses después.

Y la cosa sigue creciendo. Lejos del ojo público pero con gran eficiencia, un grupo de estudiantes organiza un comedor social en la Universidad del Sagrado Corazón hace un año. Trabajan bajo la sobrilla de la Pastoral Universitaria y reparten más de 50 platos de lunes a jueves. Como mucho de los otros comedores, quieren organizar un huerto en la misma universidad.

A mediados de abril de 2016 en el recinto de Arecibo de la UPR estudiantes empezaron un comedor. En UPR Mayagüez, varios grupos estudiantiles evalúan iniciar proyectos similares que incluyen un comedor y desarrollar un huerto comunitario. Ninguna de esas iniciativas cuentan con el apoyo directo del CDPEC más allá de ser fuente de información en las redes sociales. Estamos seguros que con o sin nosotros estos otros proyectos de comedores hubiesen nacido.

Alguien pudiera pensar que el nacimiento de estos esfuerzos en las universidades supone que es un movimiento universitario. Yo prefiero pensar que se debe mucho más a las condiciones empobrecidas que vive nuestra juventud y que encuentra en la universidad un espacio para organizar sus aspiraciones de un mejor futuro, porque encuentran en la universidad una comunidad.

Además, los estudiantes no son los únicos. El Colectivo de Teatro Papel Machete organiza entre sus miembros y allegados desde hace varios años un esfuerzo de “caldero común” que le reduce los costos a todos e incrementa la calidad de la comida. ¡Y puedo dar fe de que es riquísima!

Formas similares, más familiares o acaso comunitarias entre vecinos suceden a diaria por toda la isla. Es el cambiar los hábitos alimenticios, el comer menos, el hacer visitas a las horas de la comida. Hay que considerar todo esto como formas de resistencia al capitalismo aunque no tengan consciencia de ello, aunque no sean esfuerzos colectivos, porque este es el contexto en el que esta nueva política del día a día puede crecer. Tiene sentido que mientras la crisis de la gente que trabaja o que no puede hacerlo se agudiza, otras respuestas políticas a la pobreza y la falta de empleo emerjan.

Un movimiento político emergente

Nuestros comedores sociales son un modelo sustentable de apoyo mutuo en el área de la alimentación, pero están creciendo otros modelos sobre muchos otros temas. Diversos centros orientados a satisfacer necesidades sociales surgen en Puerto Rico con fuerza en los últimos años. Ahí están el Centro de Estudio Transdisciplinario para la Agroecología, o C.E.T.A, en Lares y la gestión teatral de la casa taller Colectivo Columpio en Camuy. También está el Consejo Integral Comunitario de la Barriada Morales y su extraordinario trabajo manteniendo y empoderando a los residentes de la comunidad.

Destacan los proyectos agroecológicos en este nuevo eco sistema de alternativas concretas. El regreso a la agricultura es la tendencia social en ascenso más importante a tener en cuanta al pensar el cambio político en Puerto Rico en la próxima década.

Más que un movimiento de comedores sociales está emergiendo en Puerto Rico un movimiento político que orbita hacia la satisfacción de las necesidades básicas. Estas iniciativas tienen potencial de multiplicarse porque responden a una necesidad concreta y son imitables. Y lo que es importante, son esfuerzos que se sustentan gestionando recursos propios, por donativos de particulares o literalmente pasando el sombrero. En vez de depender del estado, del gobierno federal o las corporaciones, se “depende” de la propia gente. La vinculación directa con la gente de abajo es casi una seña de identidad de estos proyectos sociales y políticos orientados hacia la vida diaria. La crisis, más que una amenaza, se está probando una oportunidad.

Tarde o temprano la crisis hubiese generado una respuesta colectiva parecida a la nuestra en el área de la alimentación, como genera hoy formas que no conocemos. La crisis hará exitosas las respuestas colectivas que atiendan las necesidades de la gente y sean accesibles.

Para el desarrollo vigoroso de otra política antisistema en Puerto Rico, necesitaremos anclarnos en esos proyectos sociales que ayudan a la gente como lo hicieron en el pasado los Black Panther[8] y los Young Lords[9] en Estados Unidos. Organizaciones que protestaban contra el gobierno por sus atropellos sistémicos, pero organizaban la “resistencia” al capitalismo del día a día.

Estos proyectos cumplen aquí también la tarea de incrementar la confianza colectiva y demostrar efectivamente que podemos hacer las cosas desde abajo. Las tareas de levantar la autoestima, transmitir confianza y proyectar esperanza no pueden subestimarse en Puerto Rico pues somos sin duda un país golpeado en nuestra psiquis colectiva.

Generar experiencias de cambio desde nuestros proyectos sociales tiene la virtud de permitirnos tener una experiencia distinta de intercambio y de relación humana. Tiene el potencial de ayudarnos a superar el miedo histórico cultivado generación tras generación acerca de la sobrevivencia y nuestro futuro político. “Con la independencia nos moriremos de hambre” piensa la gente pero con capitalismo nos morimos ya. Hay que hacer crecer un movimiento político antisistema que tenga entre sus principales tareas organizar junto a la gente de abajo alternativas concretas a la crisis. ¡Combatir el viejo mundo y construir el nuevo mundo!

Funciona. Durante un comedor social una comensal nos pregunta cuánto es y le decimos que “el donativo sugerido es $5 pero puedas dar lo que puedas, según esté tu economía”, y ella se ríe, como involuntaria al principio pero luego se nota que es de sorpresa. Nos pregunta insistente “pero, ¿cuánto es que te tengo que dar?”, y nosotros “pues, $5, si los tienes.” Y ella que nos contesta que “cómo es eso, ¿que si los tengo?, o sea, que si nos los tengo, ¿no te los tengo que dar?” Le aclaramos que “si alguna vez no tiene dinero y necesita comer, venga, lo otro que puede hacer es ayudar un rato, fregar.” Nos dio los $5 y se fue. Siguió yendo todo el semestre.

¡Alguna gente empieza así y termina trabajando! Como Joshua, quien confiesa que al principio iba al comedor social en UPR Río Piedras junto a sus amigos motivado más por el “que podía pagar menos que por otra cosa.” Hasta que le explicamos nuestros objetivos bien y supo del trabajo. Ahora Joshua ayuda con frecuencia y se ha hecho portavoz del proyecto en el recinto.

No hay que preguntar que estatus político se prefiere o a qué ideología se adhiere cada cual porque de entrada lo que hacemos es un filtro. Si la persona no es solidaria y quiere lo mejor para los demás es probable que no nos conozcamos. Si no cree que la misma gente organizada puede hacer los cambios, es probable que desconfíe de nuestros proyectos nuevos por no verlos al amparo de las autoridades existentes, por no considerarnos legítimos. Si es así no pasa nada, el cambio profundo se hace poco a poco, hay tiempo.

Por eso tengo esperanza en la lucha. La generación del cambio no es una consigna ni un grupo sino una operación de movimiento para modificar los paradigmas de operación político. Con el tiempo, toda la operación completa. De eso se trata, de cambiar la sociedad. Y nuestros proyectos se alimentan de la crisis, surgen porque crece la crisis, y se radicalizarán gracias a ella.

A pesar de que destaquen los jóvenes y las mujeres, estos proyectos de la vida diaria están integrados por personas de todo tipo. Sobre todo en la agroecología, la participación de nuestros mayores es vital, indispensable. Comparten todos, además, la fuerte interconexión entre temas de salud, cultura y bienestar general.

El movimiento que necesitamos para poner en marcha un proyecto de liberación aprenderá a combinar ambas cosas, la lucha política contra el estado y la construcción a corto plazo de alternativas concretas. Lo estamos haciendo. Hay que seguir sembrando.

Notas:

[1] Se refiere a las huelgas estudiantiles de 2010 y 2011 en la UPR, sobre todo, a la del recinto de Río Piedras.

[2] La Organización Socialista Internacional (OSI) fue una organización socialista revolucionaria que existió en Puerto Rico desde 1993 hasta 2014. Tuvo siempre base en UPR Río Piedras, solo por un periodo en Mayagüez, y durante su último año en Cayey. https://es.wikipedia.org/wiki/Organizaci%C3%B3n_Socialista_Internacional

[3] El Seminario 11 Recintos 1 UPR fue un evento de 3 días de discusión durante el verano organizado por un grupo de estudiantes, entre ellos Waldemiro Vélez Soto, uno de los líderes de la huelga estudiantil de la UPR 2010-2011.

[4] La Comunidad Fernández García en Cayey es una zona residencial de la calle del mismo nombre expropiada a la fuerza entre 2013 y 2015 para la construcción de una carretera y una rotonda giratoria. Sin mucha experiencia política y en general personas mayores, los residentes se organizaron mediante reuniones semanales en las lograron mantener la resistencia hasta la última casa. Cuando no pudo lograr un acuerdo de expropiación, el Municipio de Cayey depositó directamente el dinero en las cuentas y le arrebató la titularidad. El Municipio fue demoliendo las casas según las confiscó, ocasionando problemas de salud a los residentes de la zona. https://www.facebook.com/Comunidad-Fernandez-Garcia-De-Cayey-440767196016896/

[5] Comedores Sociales de Puerto Rico es uno de los proyecto del CDPEC, Inc. Para más información visite www.cdpecpr.org.

[6] La diferencia entre la política de lo cotidiano y la política del conflicto ha sido discutido particularmente para América Latina por el uruguayo Raúl Zibechi. En Puerto Rico, resultan particularmente interesantes las apreciaciones de Abner Yarib en las revista digital http://www.80grados.net/ Consultar Zibechi, R., Los movimientos sociales latinoamericanos: tendencias y desafíos, (OSAL, Observatorio Social de América Latina, enero de 2003).

[7] En referencia al Proyecto Mesón de Amor, iniciativa de distribución de alimentos organizada bajo Casa de Amor, Fe y Esperanza, Inc. (C.A.F.E) con vínculos con una iglesia metodista de la zona de Río Piedras.

[8] El Black Panther Party fue una organización nacionalista negra, socialista y revolucionaria activa en Estados Unidos entre 1966 y 1982. Sus militantes se involucraban en los “programas de sobrevivencia” que repartían desayunos a los niños, entregaban ropa en invierno y vigilaban los barrios contra los policías blancos.

[9] El Young Lords Party fue una organización independentista revolucionaria de puertorriqueños y puertorriqueñas en Estado Unidos durante los sesenta y setenta. Al igual que los Panthers, los Young Lords organizaron programas que atendían las necesidades de alimentación y otros cuidados en sus comunidades.

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