Alternativas al activismo en crisis - Video


Cuando me enfrento a la discusión sobre qué hacer frente a la crisis suelo pensar más en la crisis que tenemos los activistas que en la cuestión económica. Principalmente, la dificultad de nuestro activismo antisistema en generar maneras efectivas de organizar algo distinto, digamos un “poder alternativo” con capacidad de disputarle el control a los poderosos que hoy lo tienen. Podríamos hablar de crisis del independentismo o darle otros nombres, pero yo prefiero referirme a ella como la crisis del activismo antisistema.

Por ahora creo que es lo mejor: los que tenemos intenciones de que surjan otras estructuras sociales, descolonizadoras, de la gente y para la gente, no logramos aprovechar la interconexión de todas las crisis que están planteadas ahora mismo: económica, política, social, crisis de los sindicatos, de los partidos tradicionales, de la familiar, etc., etc., para accionar hacia un proyecto de país distinto: con justicia social, economía solidaria y oportunidades de desarrollo para todos.

A veces no solo no progresamos sino que nos va mal. Como el hecho de que algunas organizaciones, como a la que pertenecí por bastante tiempo, la OSI, han desaparecido en los últimos años. Otras organizaciones han perdido militantes que sin duda han debilitado el trabajo de todos.

Los tiempos piden renovación, renovaciones de todo tipo, pero renovación. Y para llegar a ese futuro posible hace falta plantearnos renovar el activismo que hacemos.

Déjenme aclarar que no estoy levantando la bandera de “lo nuevo contra lo viejo” como quien ignora que somos una continuidad siempre de todo lo que nos ha precedido. No le estoy echando la culpa a los “baby boomer.” No.

No se trata de culpar al activismo de hoy, o lo que es peor, a las personas activistas individualmente. No es así porque no se trata nunca de repartir culpas sino de asumir y atribuirnos responsabilidades.

En parte es lo que nos trae aquí. Durante mis años de activista y socialista he repetido patrones y fomentado estructuras que no siempre fortalecieron la lucha a largo plazo. Al estar enfocado en reclutar para una estructura, muchas veces olvidé que se trata casi siempre de fomentar una cultura de trabajo, una forma de ser más allá de grupos o hasta sectas. Al estar tan inmerso en un movimiento, muchas veces he sido incapaz de relacionarme con personas que no lo estuvieran.

Y también estaba yo, por supuesto, mi nivel de desarrollo personal hasta el momento y mis fallas de carácter, por decirlo así.

Por eso hago el énfasis en nosotros y nosotras, los activistas antisistema, a la hora de comentar “la crisis.” Y lo hago, en un sentido individual, del proceso de enfrentar mis crisis.

Por eso creo que somos los únicos que podemos darle otra dirección a lo que está pasando, y algún día hablar de la esperanza del activismo antisistema, de la alternativa del activismo antisistema, de las oportunidades que hay en el activismo antisistema. Creo que es muy posible un crecimiento de nuestro sector en los próximos años, y hay evidencia de que está pasando. Ahí están el Campamento contra la Junta y Se Acabaron las Promesas.

Los próximos años serán decisivos. En 5 o 10 años pueden estar cambiando muchas cosas. Podemos estar viendo la desaparición, ruptura o evolución del PPD, el surgimiento de nuevos partidos o formula de estatus (alguna forma de republica o administración propia).

De igual modo, podríamos ver el fortalecimiento de la estadidad y vivir plebiscitos que le otorguen mayorías. Habría que ver siempre cuál sería la reacción del Congreso.

“La austeridad de la Junta” está claro acelerará la descomposición del ELA intensificando sus peores partes estructurales: el desempleo, la migración y el abandono público. La Constitución del 52 entrará más en crisis.

Nosotros, los y las activistas, tenemos la tarea de protestar todas estas cosas, de hacer lo que llama Abner, la política del conflicto contra el gobierno o las corporaciones. Pero también tenemos que hacer y ya estamos haciendo un poco la política de la vida cotidiana, la de construir alternativas viables de organizar la vida social de nuestra gente de las clases bajas / clases populares.

De algún modo eso es lo que está haciendo este Campamento con su propuesta en acción, el ejercicio colectivo de unos estilo de vida, ciertamente anti sistema.

Ya no se trata de esto de “protesta con propuesta” que siempre sale cuando se protesta sino de que la protesta sea una propuesta en acción que le demuestre a la gente que se puede hacer el cambio. Porque lo importante en estos próximos años será demostrar que somos una alternativa de cambio, que los independentistas tenemos maneras de resolver las cosas, muchas veces mejores, y que somos una alternativa real para mejorar la forma en que vivimos.

Estos van a ser años decisivos a nivel económico, en las que muchas personas pasarán hambre y enfrentaremos necesidades mayores a las que pasamos ahora.

Se perderán derechos, unas cuantas veces más.

Por eso, las necesidades diarias serán un campo de batalla por la vida cada vez más importante. Ahí se disputa también la dirección de la sociedad.

Debemos de construir alternativas, centros contra la crisis, espacios de gestión social, colectiva que impongan un nuevo espacio público, alrededor de las necesidades de nuestras poblaciones y sectores: la alimentación (en sus vertientes de comida y siembra), la salud, la educación y la cultura.

Hablo de los esfuerzos que se observan por todo por Puerto Rico por levantar espacios autogestionados al servicio de la comunidad. Hablo de Sara y el Colectivo Columpio y su casa en Camuy, hablo de Pluma y el Centro de Estudios Transnacionales en Agroecología (CETA) y su centro en Lares, y de los planes de Vueltabajo en Mayagüez, y de la posibilidad de que Casa Aguirre sea algo más que un Bed and Break fast, hablo del proyecto de Salud y Acupuntura y su plan de levantar clínicas comunitarias en la isla, etc., etc.… Hablo también del Centro Social que CDPEC, la organización en la que trabajo, intenta levantar en Barriada Morales, Caguas.

Hablo de “centros contra la crisis” como concepto, considerando que una nueva izquierda podría nacer conectado a una nueva institucionalidad.

En común tienen todos estos esfuerzos que son orientados a atender necesidades comunitarias mediante el esfuerzo propio y el apoyo mutuo, la solidaridad, y con poco o ningún apoyo del estado.

Ya hay gente allá afuera construyendo alternativas, así que existe en Puerto Rico unas generaciones de personas que exigen del mundo funcionar diferente. El cambio posible emerge siempre de esa situación existente.

Y esas personas aquí abrazan la tierra como medio principal de vida y son los pilares de un nuevo movimiento de agroecología popular orientada no a la ganancia sino a la justicia social. Este es un movimiento a favor de la apropiación de la tierra y el desarrollo de otra economía. Aquí no habrá independencia hasta que no sembremos, y sembremos, y sembremos. Así que veo que no habrá independencia sin agricultura. Creo que es un deber independentista y socialista sembrar hoy.

Del mismo modo, hay una cepa de activistas urbanos pensando, actuando y estructurando la ciudad de otro modo. En estos hay esperanza también. El nuevo activismo de la nueva lucha tiene que tomar espacios (ocupar) y desarrollarlos de manera autónoma e independiente al estado. Habrá que correr fincas agroecológicas de carácter comunitario y popular. Correr grandes comedores sociales, proyectos educativos verdaderamente alternativo. Todos, al servicio de la gente. De nuestra gente.

Digo nuevo activismo pero no se trata de algo muy nuevo. Cierta izquierda de los 60 y 70, en EEUU pero también en PR, tenía un fuerte componente de programas sociales como herramientas de cambio político. Hablo de los Black Panther y de los Young Lords. Hablo del trabajo de nuestra diáspora en EEUU orientado al trabajo comunitaria, como en Chicago. También a las relaciones del PSP con el movimiento comunitario.

Algunas de estas organizaciones lograron algo único: combinar la actividad de partido político (protestas contra el estado, la política del conflicto) junto al la de la ayuda mutua (la de la vida diaria). Fueron gestoras de comedores y centros de salud. Se preocuparon por mejorar la vida diaria de sus comunidades.

Por eso, esto de los centros sociales contra la crisis debe pensarse como una herramienta política, como un instrumento para fortalecer un movimiento político que considero ahora mismo es “emergente”, que está surgiendo pero que aún no cuaja. Y mi opinión es que no cuaja porque no ha construidos estructuras sociales a largo plazo, y por lo tanto carecemos de recursos, de muchos recursos.

Ya he dicho quizás la más importante sobre el porque podemos y debemos estar preparados para promover cambios en los próximos años: hay que sembrar todo lo que se pueda en los próximos años como herramienta de cambio político, y ya hay una generación aprendiendo a hacerlo.

En cada uno de los aspectos de la vida social hay que hacer lo mismo, no esperar y comenzar a gestionar alternativas viables. Esto ayuda a demostrar, insisto, que el cambio es posible ahora, en nuestros tiempos. Esto contribuye a que podamos ayudar a cambiar mentalidades, explicaciones que la gente tiene.

Estoy convencido de que la independencia será la corriente política que más crecerá en los próximos años. Y eso se ve en la capacidad gestora de una nueva generación de activistas sociales de todos los órdenes, edades y extracciones.

Para hacerlo hacen falta sin duda organizaciones de todo tipo, incluidas las organizaciones políticas. Pero hay que experimentar, atrevernos a hacer cosas nuevas. Las dos características comunes que promuevo, y que creo pueden contribuir a fortalecer el desarrollo de una nueva izquierda, es que todo esto se haga vinculadas a la gente y a sus necesidades diarias, al mismo tiempo que son esfuerzo permanentes que generan y utilizan recursos propios.

Estoy convencido de que si queremos cambiar las cosas de cara al futuro, tenemos que invertir nuestro tiempo en generar recursos independientes ahora para nuestros proyectos sociales y políticos independentistas.

Por recursos no me refiero solo a dinero, aunque también. Por recursos podemos hablar de equipos, locales, fincas. Una parte de nuestra gente nos creerá que es posible la independencia cuando vean la efectividad de la gestión independiente de nuestros recursos. No estoy hablando de irnos a gestionar comunas apartadas fuera de las protestas sino de gestiones sociales a favor de una nueva política de reconexión social antisistema.

El cambio es posible. En el fondo defendemos una gran idea: el cambio es posible en nuestros tiempos. No de manera inmediata (ningún cambio lo es), sino como producto de un desarrollo histórico del cual nuestro activismo alternativo tiene que apropiarse y darle dirección. Estamos bien posicionados para hacerlo.

8 cosas destacan en lo que estoy diciendo y las digo a modo de resumen:

  1. la crisis del capitalismo y la colonia es también una crisis del activismo alternativo que necesita discutirse de manera abierta,

  2. los próximos años (década) serán decisivos en la reconfiguración del panorama político puertorriqueño, en los que todo puede pasar.

  3. “la austeridad de la Junta” reforzará la descomposición del ELA y con ello la pobreza y otros males sociales,

  4. nuestro activismo tendrá que protestar los cambios de arriba, pero estamos llamados a lograr proyectos sociales viables que atiendan las necesidades de nuestra gente en comida, salud y educación.

  5. existe una generación del cambio emergiendo en Puerto Rico que reforzará en los próximos años, estamos llamados a estimular esa emergencia,

  6. debemos estar dispuestos a experimentar organizativamente, eso es crear nuevas organizaciones, crear otras estructuras, transformar las que tenemos

  7. tenemos que pensar de manera principal en los recursos para sostener nuestras estructuras, es necesario para el nuevo activismo pensarse a medio y largo plazo, construir recursos con la gente, sin la participación del estado,

  8. tener certeza de que el cambio es posible en nuestros tiempos.

Nuestras organizaciones tienen la responsabilidad de liderar primero, el cambio que queremos ver. Como hoy, abrir a debate todo. El sistema completo pero también nuestra lucha, nuestro activismo que necesita repensarse y renovarse frente a tiempos inciertos.

Nosotros los compas del CDPEC estamos haciendo un experimento con esto de responder a las necesidades de la gente. Lo hacemos con pocos recursos pero con mucha convicción. Organizamos comedores sociales mientras intentamos montar un centro social.

Todo será necesario en los próximos años. Todos los experimentos. Aunque uno favorezca unas cosas más que otras. Todos. Seamos responsables de abrir esos tiempos de experimentación en la izquierda también.

* Edición de la presentación en el panel "Alternativas de lucha contra la Junta de Control Fiscal y la Crisis Colonial Capitalista", 30 de junio, Cayey, organizado por el Movimiento Socialista de Trabajadores.


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